EL TEATRO DE SANTA ANA: “UNA CAJA DE RESONANCIA PERFECTA” - UNICAES

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EL TEATRO DE SANTA ANA: “UNA CAJA DE RESONANCIA PERFECTA”

“El Teatro de Santa Ana tiene todas las condiciones de ser un teatro de ópera, de concierto (…) Es una caja de resonancia perfecta”; por lo menos, así lo describe el arquitecto Julio Nájera, docente y Director de la Unidad de Diseño Arquitectónico de la Universidad Católica de El Salvador (UNICAES), quien, en el año de 1989, emprendió el desafío de apoyar en la restauración de tan emblemático monumento histórico de El Salvador.

Ahora, al celebrar 107 años de la inauguración del Teatro de Santa Ana, el arquitecto Nájera nos comparte el valor y el significado que tiene el teatro no solo en su vida como profesional de la arquitectura, sino en su vida personal y de familia. En las siguientes líneas, más que una entrevista, retratamos una historia de arte, urbanismo y arquitectura:

Arquitecto, ¿nos podría compartir cuál ha sido su experiencia con el Teatro de Santa Ana? El primer contacto que tuvo con el teatro, por ejemplo

A mí en lo personal me ha marcado desde mucho antes de nacer, desde antes que naciera mi papá. Resulta que el papá de mi papá, en 1915, vino en un grupo teatral, de una compañía, a trabajar en el teatro. La compañía estuvo una temporada larga en El Salvador, entonces en esa temporada conoció mi abuela y, en 1917, nació mi papá. En 1923 mi abuelo se fue de Santa Ana, iba y venía, pero ya nunca regresó de su tierra. Entonces, de alguna manera, que mi abuelo viniera a actuar en el teatro hizo que naciera mi papá y que en los años 50 naciera yo. Por cierto, la primera cita de mis papás cuando eran novios fue en el teatro. De niño me recuerdo que mi papá nos llevaba al teatro a matiné, que en esa época funcionaba de cine; a mí me fascinaba la arquitectura y veía aquello y decía “cómo han hechos los albañiles para hacer todo esto, porque veía todos aquellos decorados, los detalles; lo veía y me preguntaba cómo habrán hecho”. En ese tiempo era un cipote de 8, 10 años y no tenía idea de eso, pero si me acuerdo que todo el Centro Histórico era armonioso, limpio, era un pedacito de Europa aquí en Santa Ana: la catedral, la alcaldía y el casino, el Parque Kessel, habían casas señoriales, por ahí salían olores a comida, a repostería, y uno viendo jardines, flores en las verjas o en los tapiales, habían jardinerías en el parque central, en fin, todo muy bonito. Luego, cuando fui estudiante de primaria nosotros ensayábamos las clausuras del colegio, porque eran en el Teatro de Santa Ana. Y yo como había escuchado a mi papá sobre mi abuelo, me imaginaba a mi abuelo estaba en las tablas, arriba en la tarima. Y eso me pasó en quinto, sexto grado y bachillerato, porque también en bachillerato hubo varios eventos que se hacían antes en el teatro. En mi época universitaria, pertenecí al TATEUN, Taller Teatral Universitario, que lo dirigía el profesor Norman Douglas, y a mí me pedían que hiciera la escenografía y diseñara los afiches de cada presentación; entonces tuve el gusto de diseñar varios, para La paz, de Aristófanes; Delito, condena y ejecución de una gallina; El cementerio de los automóviles (…) yo trabajé como en cuatro o cinco obras, siendo universitario, pero sobre todo en escenografía e iluminación. Y luego, cuando hice mi trabajo de graduación, presenté el proyecto “Un centro cultural para la ciudad de Santa Ana”. El proyecto se centró en la construcción de un centro cultural, utilizando el teatro, el parque Kessel y utilizando los recursos arquitectónicos existentes para promover la cultura, así que ese fue mi trabajo de graduación, siempre con el teatro. Ya en mi vida profesional, ahí por el año 88, mi amigo el arquitecto Mario Méndez Weisz, que en paz descanse, era el presidente de la recién inaugurada APACULSA, Asociación de Patrimonio Cultural en Santa Ana, él era el presidente y me dijo, “Julio, venite al teatro, fíjate que esto está abandonado”, así que yo entré a APACULSA desde el año 89 hasta 2011, que estuve como miembro directivo de la asociación.

Me comentó que previo a su llegada a la asociación, el teatro estaba abandonado, ¿por qué razones?

Los tiempos difíciles aquí en Santa Ana ahuyentaron las artes y los espectáculos nocturnos, yo digo que la población cautiva, amante del arte, se diluyó, se fue a otros lugares. Además, veníamos de un contexto de guerra.  No estaba para estar yendo a escuchar opera en la noche. Hubo despojo, abandono, cero mantenimiento. Desde antes, el teatro ya había dejado de ser teatro: en la época de la recesión económica mundial, fue cuando se le entregó al Estado el manejo del Teatro y lo convirtieron en cine, eso le cambió su vocación, se despojó del sentido con que nació. Entonces, el escenario se volvió una pantalla, la caja escénica se volvió bodega, todos los lienzos y alfombras fueron embodegados.

Cuando lo llamaron para la restauración, ¿así encontró el teatro?

La arquitecta Claudia Allwood redactó un documento bien bonito que decía “Sale a la escena la soledad y el despojo”, y mostraba una imagen del teatro impactante: aquello estaba sucio, maloliente, en los rincones había basura. Había ventanas rotas, cientos de murciélagos. Daba tristeza, había que restaurarlo todo.

¿Cuál fue el trabajo más significativo que se pudo realizar con la restauración?

La mayoría de cosas que hay ahí, como molduras, mueblería, metales, vidrio y madera, la yesería, los lienzos, todo se restauró, pero hubo muchas cosas que hacer, por ejemplo, todos los pisos del segundo nivel, los acabados de los pisos hubo que hacerlos totalmente nuevos. La tramoya 100 porciento nueva, desde sus cimientos en el sótano, hasta la parte más alta del  techo, toda la caja escénica hubo que rehacerla, era la zona más descuidada, y de la tramoya no había nada solo vestigio de la anterior. En todo el sistema de luces y sonido, absolutamente nuevo, donado por el gobierno de Japón.

¿Se contó con apoyo de la cooperación internacional?

Japón, México, Alemania, Estados Unidos, España, la UNESCO, Austria, Italia, en su momento Suramérica, internamente también aquí. Yo creo que el entusiasmo de la gente cuando estábamos restaurando era increíble, porque se organizaban eventos, tal vez de pagar un colón, pero se llenaba y vendíamos bocadillos, sándwiches y sodas. Hubo mucho entusiasmo.

Durante la restauración, ¿hubo varias piezas que se mantuvieron?

Unas estatuillas de bronce que estaban en el arranque de las escaleras, hubo que recuperarlas, hubo otras cosas, pero sabíamos a donde las podíamos encontrar y las buscábamos, pero las estatuas de mármol, los jarrones y muchos tocadores estaban guardados, difícil de llevarse, por el peso y el sitio donde estaban.

¿Hay muchas de estas piezas que vienen de Italia?

SÍ, la mayoría son de manos de los talleres Durini y Molinari.  Muchos decorados vienen de Francia y muchos muebles de Estados Unidos y Austria. Toda la silla de la orquesta y del palco viene de Austria, de la casa Thonet.

En El Salvador tuvimos dos terremotos, pero el de 2001, por ejemplo, que se estaba en plena restauración, ¿cómo enfrentaron ese momento?

Afortunadamente el teatro sufrió mínimos daños en su estructura, pero la fachada sufrió desprendimientos fuertes, ese remate con la estatua de la música al centro, la estatua afortunadamente se fue de espalda y cayó sobre el techo, pero las alas, la lira, las manos se le desmoronaron. Las otras estatuas de la Tragedia y la Comedia, afortunadamente solo se aflojaron porque tienen unos anclajes mecánicos. Toda la parte alta de frontis del teatro se fracturó, se desplomó, habían pisos perforados de madera, o sea: nos llovió sobre mojado.

A partir de esta restauración, podemos decir que el teatro de Santa Ana todavía mantiene ese ímpetu, esa fuerza con la que fue inaugurado

Ahorita el teatro es más una joya  arquitectónica e histórica, aunque apenas son 107 años. Pero como usted sabe los medios evolucionan. Al teatro lo opacó el cine, y al cine lo opacó los CD, los celulares e Internet, entonces eso es una transición dolorosa, pero el Teatro de Santa Ana es un edificio con mucho valor arquitectónico e histórico y ojalá se usara más para impulsar las artes en Santa Ana.

¿Cuál cree que es el principal desafío, entonces?

Ha disminuido el gusto por las artes escénicas como tal – la danza, la música, el teatro. Ahora la gente prefiere Hollywood. El teatro de Santa Ana tiene todas las condiciones de ser un teatro de ópera, de concierto, la mejor acústica. Yo he oídio a cientos de extranjeros, y dicen que nunca habían visto un edificio con una acústica tan linda como el Teatro de Santa Ana. Por su forma, por sus materiales y por su diseño,  es una caja de resonancia perfecta. Cuando uno está adentro, uno se mete en la obra porque lo atrapa.

Fotografías/Créditos: Mario Ramírez, estudiante de diseño gráfico de UNICAES

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             Maestra Wendy de Cardona                 Docente Facultad de Ciencias y Humanidades

En mi experiencia personal, la dinámica ha sido provechosa no solo por la disposición y capacitación constante en temas educativos, sino también por el interés de la institución en brindar una enseñanza universitaria integral, tal como lo expone el modelo personalista.

Mi experiencia respecto a compartir el aula con estudiantes que poseen capacidades especiales ha sido todo un reto, ya que no solo se traba de llegar e impartir contenidos, sino de acercarse a ellos con la empatía y la prudencia requerida para identificar sus necesidades educativas, de inserción al ámbito escolar universitario y, en algunos casos, establecer estrategias diferentes para su aprendizaje, según la carrera que han elegido.

 

 

 

 

 

 

                Maestro Francisco Javier Clemente              Docente Investigador Facultad de Ingeniería y Arquitectura

Recuerdo el caso de una alumna con problemas de audición que solicitó permiso para que su madre estuviera presente para transcribir la clase. Investigué cómo incluir subtítulos en todas mis clases, asegurando su plena inclusión. Con otros alumnos con dificultades de aprendizaje, busqué métodos personalizados, logrando excelentes resultados.

Ha sido un compromiso personal y profesional garantizar la inclusividad y accesibilidad de mis clases para todos los alumnos, incluyendo aquellos con discapacidades. Me esfuerzo por conocer a mis estudiantes, identificar posibles discapacidades o dificultades en el aprendizaje y ajustar el material didáctico para respaldar diversos estilos de aprendizaje. Además, investigo y aplico tecnologías que faciliten la participación de mis alumnos.

Considero esencial que como docentes y seres humanos aprendamos más sobre educación inclusiva y mejoremos la comunicación con estudiantes que enfrentan diversos desafíos. La inclusión es crucial para que todos se sientan valorados, y esta dedicación ha transformado la experiencia educativa, creando un entorno donde cada estudiante puede alcanzar su máximo potencial.